El velatorio público de Topy Mamery

A casi dos semanas de la sorpresiva muerte del empresario puertorriqueño Carlos “Topy” Mamery, siguen surgiendo comentarios y anécdotas sobre esa noticia que impactó a todos en el mundo del entretenimiento a nivel local, y hasta internacional. Desde reacciones de fotos comprometedoras con una supuesta amante, el comportamiento de su hijastra Noelia y hasta de compañeros del mundo de la televisión y radio.

Sin embargo, y no con el propósito de apuntar sobre el estilo de vida de a quien no tuve la oportunidad de conocer, el interés de realizar esta entrada es para discutir sobre cómo la práctica de las relaciones públicas juega un papel importante en la cobertura de una noticia como esta.

Tan reciente como hoy publicó en uno de los diarios de la Isla una columna de opinión de una periodista señalando la falta de ética de otra durante los actos fúnebres de Mamery. La primera acusa a la segunda sobre cómo obtuvo la controversial reacción de la ahora viuda Yolandita Monge durante una conversación con ésta y en la que denunciaba cómo los medios de comunicación fueron los responsables de matar a su esposo.

Según se desprende de la cobertura realizada por El Nuevo Día durante el sepelio, Yolandita Monge indicó:

“Quiero que ustedes lleven el mensaje que parte de la prensa de este país me lo mató. Ellos saben quiénes son y los quiero felicitar porque se salieron con la suya. Lo mataron a él y me mataron a mí, porque yo no canto más. Este circo se acabó. Yo me llevo de aquí (Puerto Rico) a mis hijos. Me voy. Yo estoy muerta”.

Resulta que esa declaración, aparentemente, fue durante una conversación privada que tuvo la periodista con la propia Yolandita Monge en plena capilla y que denuncia que la otra sacó su grabadora en medio de aquel “monólogo” y publicó las declaraciones de la artista para el medio en el que trabaja.

Viendo esta situación desde el ángulo para la profesión en la que trabajo, y en la que llevo más de 10 años ejerciéndolo, hay que destacar unos puntos sobre estos señalamientos de esta colega y la práctica de la otra:

En momentos en que surge una noticia que levanta pasiones, reacciones a granel, miles de visitas en los medios, y más cuando el protagonista es una figura que vivió la gran parte de su vida seguido por las controversias, la regla básica es reconocer y aceptar inmediatamente que ningún periodista es nuestro amigo durante una cobertura de esta índole.

El término “off the record“, en este caso, no existe. Máxime cuando se le indica a los periodistas que uno de los protagonistas de la noticia, entiéndase Yolandita Monge, no dará reacciones a los periodistas para respetar el duelo por el que atraviesa tras la pérdida de su inseparable esposo.

Con eso, los periodistas irán a cubrir lo que observan y a obtener declaraciones de segundas y terceras personas. Irán como depredadores en busca de su presa, con la idea de quién obtiene más y quién logra descubrir el lado más controversial. Y describir es más peligroso que reaccionar públicamente.

A diferencia de haber permitido que la cantante se expresara brevemente frente a los periodistas o haber compartido una reacción por escrito de parte de la propia artista. Un periodista que va a reseñar el ambiente que se vive, en este caso, en una funeraria, es invitarlo a que, precisamente, obtenga reacciones como estas. No importa si es una conversación de una con otra. Si lo escuchó, es publicable y más cuando la conovocatoria fue una invitación al pueblo completo. Por tal razón, no existe ni se puede esperar privacidad en algo que estaba abierto al público. A fin de cuentas, el periodista es parte de ese público pero con bolígrafo, libreta y grabadora en mano.

Independientemente que la periodista indica que no se permitía la entrada de los periodistas a la capilla, me sorprende que en un ambiente en donde todo el mundo conoce a cada quien en la industria de las comunicaciones, se haya dejado que esta otra periodista estuviera sentada allí, con todo y grabadora. ¡Ver para creer! Más cuando se trata de una periodista que lleva décadas en la industria del periodismo. Por lo que hace que me entre la sospecha, que eso fue culpa de la sobreconfianza y en creer que la periodista dejaría de ser periodista por estar cubriendo un velatorio. Eso nunca.

El duelo, en este caso, era para la familia Mamery-Monge y sus allegados. El periodista no está para compartir el duelo sino para informar sobre eso. Y nuestro deber como estrategas de comunicación es minimizar cualquier impacto negativo que surja dentro de un lamentable suceso como este y, para lograr eso, lo primero que hay que entender es cómo es la función del periodista, cómo es el negocio del periodismo y qué es noticia y qué no. Esa declaración de Yolandita Monge tenía olor de valor noticioso y la periodista, periodista al fin, reaccionó a eso. Imposible definir una estrategia de relaciones públicas si no se conoce cómo es la operación de un medio de comunicación.

Me parece que atacar el trabajo que, inevitablemente, era obvio que aprovecharía la que escuchó y vio ese momento en que Yolandita despotricó con la prensa puertorriqueña y anunció que se retiraría de la música y del País, fue injusto.

La diferencia fue que la periodista que conversaba en ese momento en particular con Yolandita Monge, al parecer, estaba de luto  también. Y se olvidó, por la pena que, tal vez, le embargaba la repentina muerte de Topy Mamery, que los medios de comunicación son un negocio, tal así como ella misma lo describió en su propia columna.

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